MARIA EN EL NUEVO TESTAMENTO - Recopilación de Néstor Germán Rodríguez

 


MARIA EN EL NUEVO TESTAMENT 

Extracto del Curso de Mariología 1 P. Antonio Rivero, L.C. 

Recopilación de Néstor Germán Rodríguez

 

EN SAN LUCAS 

María es elegida: 

• Fue Dios quien la elige, mandando al ángel, María no ha hecho ningún mérito. Elección gratuita, imprevista, misteriosa, desproporcionada. 

• Para esa elección Dios la preparó antemano; por eso la hizo “llena de gracia” y María sentía la presencia del Señor siempre: “El señor está contigo”. 

• El E.S. es quien hará posible la encarnación del Hijo de Dios en el Seno de María, será Madre sin concurso de varón. Así se cumplió la “Señal” del tiempo mesiánico, profetizado por Isaías: una virgen da a luz. 

• Por eso, María es ahora el Arca de la Alianza nueva, porque en su seno comienza a hacerse realidad el “Dios con nosotros”. Ella está habitada por Dios, es morada suya. ¿Se acuerdan de lo que era el arca de la Alianza en el Antiguo Testamento? Era donde se llevaba el rollo de la ley, era el Tabernáculo que escondía la presencia de Javé, la Torá. María de ahora en adelante será el nuevo Arca de la Alianza, que lleva el mismo Dios encarnado. 

• María en el evangelio de Lucas es la Virgen oyente: deja que Dios le hable y esa palabra penetra en su corazón como la lluvia en la tierra fecunda. María se nos muestra en la Anunciación plenamente dueña de si misma, con la sabiduría de la virgen que sabe oír y penetrar un mensaje, con la riqueza interior que sólo otorga el silencio y la contemplación. 

• María en el Evangelio de Lucas es también la Virgen creyente. El consentimiento de María 

“He aquí la esclava...” es un profundo y amoroso acto de fe. Una fe que es entrega libre al plan de Dios, apertura total a la Voluntad de Dios, aunque tenga ella que prescindir de sus planes personales acariciados tan limpiamente. 

• También María en el evangelio de Lucas es la Virgen del servicio, cuando va a visitar a su prima. El Arca de la Nueva Alianza –María- va hasta Ain Karim y llena de alegría a Isabel y a toda la casa. Es la Virgen servicial, la que no duda en abrirse a los demás para compartir sus alegrías y dolores. La servidora del Señor se hace servidora de sus semejantes. El amor a Dios es fuente del amor al prójimo, y éste es consecuencia aquél. 

En la visitación, María se convierte también en mujer evangelizadora, la portadora de Cristo a sus semejantes. Ella no permanece pasiva en Nazaret, sino que se siente urgida a trasmitir los dones recibidos. Los comunica con entusiasmo. Lo contemplado en el encuentro personal e íntimo con su Dios se vuelve en ella mensaje fecundo y apostólico. Ese Cristo que lleva y transmite inunda de alegría y gozo todo el recinto de la casa de su prima. Hay clima de fiesta en el encuentro, sorpresa por la visita y felicitaciones por las grandezas divinas. 

María e Isabel están tocadas por la gracia del E.S. y uno de esos efectos es el gozo y la alegría.

Por ser mujer evangelizadora este hecho es un hecho, porque es la primera que anuncia al Mesías, llevando la Buena Nueva a esta familia, la vida, escondida en sus entrañas, ya es realidad transformadora de los sentimientos humanos. Y el instrumento privilegiado de Dios es María, primera portadora del Evangelio. ¿Qué provocó en María las palabras de Isabel: “Feliz la que ha creído” 

Ahora la escena es Belén. 

¿Cómo nos presenta Lucas a María en Belén? 

María estaba verdaderamente en cinta. Llevaba en su vientre al Hijo de Dios. Pesaba Dios en su seno. El infinito encerrado en el seno de una mujer. 

Y como toda mujer, María sintió los síntomas de que ese hijo suyo e hijo de Dios quería ya salir al mundo. Pujaba por salir. María, fue el canal por donde Dios entró a nuestro mundo, a nuestra historia. 

José y María buscaron albergue para que Jesús naciera. No lo encontraron. María, firme en su fe. Segura en su esperanza. Delicada en su amor, miraba a José y le animaba y sostenía. 

Como no hubo lugar, María dio a luz a su hijo en una cueva, y lo puso en un pesebre y lo envolvió en pañales. ¡Cuánto amor puso en todo! 

María en Belén, es la Virgen Madre, que aprieta en sus brazos a su hijo que es también hijo de Dios. María en Belén es la Virgen Madre que amamanta a su Hijo con sus pechos. María en Belén es la Virgen Madre que arropa a su Hijo con cuidado solicito. María en Belén es la Virgen Madre que cubre de besos al recién nacido Hijo de Dios e Hijo suyo. 

La Presentación en el Templo de Jerusalén

Un mes más tarde, María y José llevan al niño Jesús para presentarlo al Señor. 

Aquí en el templo María es la Virgen Oferente, que ofrece a Dios a su Hijo, y ella misma se ofrece a Dios. Ella presenta su tesoro... y a cambio recibe una espada de dolor, con la que Ella participará en la obra redentora de su Hijo. María renueva su “hágase”. 

De nuevo en el templo, entre los doctores... 

Y pasó algo, cuando Jesús llegó a la edad de 12 años. Había que ir, como todos los años a la peregrinación al templo, y Jesús se pierde. 

En este episodio María es la Virgen de la perplejidad: “¿Por qué nos has hecho esto?”. 

También ella pasó, como nosotros, por momentos de perplejidad, tal vez de dudas. Es aquí donde Cristo quiere ya elevar a María su madre a un nuevo vínculo, que va más allá del vínculo de la sangre. La eleva al vínculo de la fe.

Ya estamos preparándonos para peregrinar a Caná de Galilea... será Juan quien nos descubrirá otras facetas de María. ¡Que talla de Mujer! 

EN SAN JUAN 

Caná 

Juan narra dos escenas, donde María es protagonista junto a su Hijo: En las bodas de Caná (cap,2, 1-11) y junto a la Cruz en el Gólgota (cap. 19, 25-27). 

¿Qué pasó en la boda? En un momento de la misma se acaba el vino. María, con delicado sentido femenino, percibe la situación de aflicción e interviene. Se dirige entonces a Jesús, haciendo notar la carencia y pidiéndole una solución.

María ordena a los sirvientes: “Haced lo que Él os diga”. María cree en el poder de su Hijo y confía en ser atendida. Aquí vemos dos rasgos más de María: María, la Virgen confiada y la Virgen intercesora y mediadora.

Al pie de la cruz...: “Junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre”. 

Vamos también nosotros al Calvario a acompañar a María en la agonía y muerte de Jesús, su Hijo y nuestro hermano mayor. Esta escena es la culminación de la de Caná. 

Del costado abierto de Cristo está naciendo la Iglesia y necesita una Madre. ¿Quién mejor que María? 

Si María es la madre de Jesús, cabeza de la Iglesia... ¿Cómo va a quedar sin madre el cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia?

 “Mujer, ahí tienes a tu Hijo”. Detrás de ese hijo estábamos todos los redimidos... la nueva vida que nacía en el Calvario necesitaba del cuidado y del cariño de una madre. Y esa madre es María. Jesús como que ensanchó el regazo de María para que pudiera abrazar y acoger a todos los hombres. Y desde ese día María nos ha cuidado, y no quiere perder a ninguno de los hijos que Jesús le confió 

María en Pentecostés

Los apóstoles formaban la primera Iglesia. Y María era la madre de esa Iglesia. ¿Cómo no iba a estar María ahí?

Para esto nos servirá el texto de los Hechos 1, 12-14; 2,1: “Todos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María la madre de Jesús”.

Ciertamente María no pertenece al grupo de los Apóstoles, pues no ocupa un lugar jerárquico, pero es presencia activa y animadora primera de la oración y la esperanza de la comunidad. 

Al recibir una vez más María al E.S en Pentecostés, recibe la fuerza para cumplir la misión que de ahora en adelante tiene en la historia de la salvación: María Madre de la Iglesia. 

Ella acompaña la difusión de la Palabra, goza con los avances del Reino, sigue sufriendo con los dolores de la persecución y las dificultades apostólicas. 

Por eso, podemos sacar un segundo rasgo de María, aquí en Pentecostés: María mujer evangelizadora desde el primer momento de la Iglesia. 

Apocalipsis 12, 1 ss

“Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza, y estaba en cinta y gritaba en su angustia y dolores de parto”. 

Hagamos ahora el análisis de este capítulo 12 del Apocalipsis. 

Esta visión puede dividirse en tres partes. 

• La presentación de los personajes simbólicos: la mujer y la serpiente (1-4) 

• La persecución del dragón al Hijo varón de esa mujer, y la victoria de éste (4-12) 

• La persecución contra la mujer y el resto de sus hijos (v. 13-17) 

¿Quién esa mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies?

La mujer está vestida de luz, símbolo de benevolencia de Dios y de la participación en su vida. Sobre su cabeza tiene “una corona de doce estrellas”, imagen igualmente luminosa como las anteriores que simbolizan a las doce tribus de Israel.

¿Quién es esta mujer? 

La mujer es susceptible de varias significaciones simultáneas, autorizadas por el pensar simbólico y representativo propio de San Juan. 

• En una primera significación, es el Pueblo de Dios. Simboliza a Israel, pueblo escogido del cual proviene el Mesías - y al nuevo Pueblo - la Iglesia -, sometida a la persecución y a las insidias del demonio. 

• En una segunda significación, es María Santísima. Ambas significaciones – eclesial y mariana - se complementan y enriquecen mutuamente, porque Juan contempla a la Iglesia con los rasgos de María, y a María insertada en el misterio de la Iglesia. 

• Esa mujer dio a luz, ¿a quién? A un Hijo Varón, Cristo, que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro (v.5).

• Pero también se puede interpretar ese Hijo como a los cristianos: dio a luz a los cristianos, pues la profunda unidad entre Cristo y los cristianos es mensaje permanente en los escritos de Juan.

La lucha entre la Mujer y la serpiente es fuerte. La serpiente pretende devorar al Hijo, pero este “fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono,” alusión inequívoca a la exaltación de Jesús por su elevación en la cruz, donde derrota al demonio, y por su Ascensión a los cielos. La mujer huye entonces al desierto, lugar preparado por Dios para su protección y refugio. Allí se la alimenta - alusión al maná y a la Eucaristía- durante 1260 días, tiempo alegórico que tipifica la duración de una persecución larga, pero a la vez limitada por la voluntad divina.

La mujer del Apocalipsis es la misma del Calvario y del Paraíso, testimonio de la presencia de María en las entregas decisivas de la historia de la salvación. Y así termina el versículo 12, de este capítulo 12: “Por tanto, regocijaos, oh Cielos y los que en ella moráis” ...

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

EL SACRAMENTO DE LA CONFESION - Recopilación NESTOR GERMAN RODRIGUEZ

LA RESURRECCION DE JESUS - POR NESTOR GERMAN RODRIGUEZ

EL PAPA FRANCISCO Y LA COMUNIDAD LGBT - Recopilación Néstor Germán Rodríguez