¿QUÉ ES LA ORACIÓN? - Recopilaciòn por Nestor German Rodriguez
¿QUE ES LA ORACIÒN?
Tomado del Catecismo de la Iglesia Católica
Recopilación de Néstor Germán Rodríguez
La oración es el medio de comunicación que Dios eligió para comunicarse con su pueblo «la iglesia» siendo esta comunicación un medio bidireccional en el que la iglesia habla con Dios y también lo escucha. La oración a Dios es como la conversación de un hijo con su padre. Es natural que un hijo le pida a su padre las cosas que necesita, de igual forma, la iglesia (todos los creyentes en el Señor Jesucristo) se comunica con el Señor como ese padre que suple todas las necesidades en esta tierra.
Orar es el proceso mediante el cual el hombre eleva una petición al Padre por medio del Señor Jesucristo para que este medie e interceda entre el Padre y nosotros para que el Padre responda haciendo su voluntad.
La oración es un impulso
del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento
y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría
(Santa Teresa del Niño Jesús, ms autob. C 25r).
La oración como don de Dios
2559 "La oración es la
elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes"(San
Juan Damasceno, f. o. 3, 24). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de
nuestra propia voluntad, o desde "lo más profundo" (Sal 130, 14) de
un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (Cf. Lc 18,
9-14). La humildad es la base de la oración. "Nosotros no sabemos pedir
como conviene"(Rom 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para
recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios
(Cf. San Agustín, serm 56, 6, 9).
2560 "Si conocieras el don
de Dios"(Jn 4, 10). La maravilla de la oración se revela precisamente allí,
junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de
todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber.
Jesús tiene sed, su petición
llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o
no, es el encuentro de la sed de Dios y de sed del hombre. Dios tiene
sed de que el hombre tenga sed de
Él (Cf. San Agustín, quaest. 64, 4).
2561 "Tú le habrías rogado a él, y él te habría dado agua viva" de petición es paradójicamente una respuesta. Respuesta a la queja del Dios vivo: "A mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas" (Jr 2, 13), respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación (Cf. Jn 7, 37-39; Is 12, 3; 51, 1), respuesta de amor a la sed del Hijo único (Cf. Jn 19, 28; Za 12, 10; 13, 1).
La oración
como Alianza
2562 ¿De dónde viene la oración
del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras),
el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde
brota la oración, las Escrituras hablan a veces del mil veces). Es el corazón
el que ora. Si éste está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.
2563 El corazón es la morada
donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión semítica o bíblica: donde
yo "me adentro"). Es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por
nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y
conocerlo.
Es el lugar de la decisión, en lo
más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí
donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que, a
imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza.
2564 La oración cristiana es una
relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del
hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo
al Padre, en unión con la
voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre.
La oración
como Comunión
2565 En la nueva Alianza, la
oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente
bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. La gracia del Reino es "la
unión de la Santísima Trinidad toda entera con el espíritu todo entero"
(San Gregorio Nac.,or. 16, 9). Así, la vida de oración es estar habitualmente
en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con Él. Esta comunión de
vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en
un mismo ser con Cristo (Cf. Rm 6, 5). La oración es cristiana en tanto en
cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo.
Sus dimensiones son las del Amor de Cristo (Cf. Ef 3, 18-21).
CAPÍTULO
PRIMERO
LA
REVELACIÓN DE LA ORACIÓN
LA LLAMADA
UNIVERSAL A LA ORACIÓN
2566 El hombre busca a Dios. Por
la creación Dios llama a todo ser desde la nada a la existencia. "Coronado
de gloria y esplendor" (Sal 8, 6), el hombre es, después de los ángeles,
capaz de reconocer "¡qué glorioso es el Nombre del Señor por toda la
tierra!" (Sal 8, 2). Incluso después de haber perdido, por su pecado, su
semejanza con Dios, el hombre sigue siendo imagen de su Creador. Conserva el deseo
de Aquél que le llama a la existencia. Todas las religiones dan testimonio de
esta búsqueda esencial de los hombres (Cf. Hch. 17, 27).
2567 Dios es quien primero llama
al hombre. Olvide el hombre a su Creador o se esconda lejos de su Faz, corra
detrás de sus ídolos o acuse a la divinidad de haberlo abandonado, el Dios vivo
y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración.
Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, el caminar
del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre
a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento
de Alianza. A través de palabras y de actos, tiene lugar un trance que compromete
el corazón humano. Este se revela a través de toda la historia de la salvación.
Artículo 1
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
2568 La revelación de la oración
en el Antiguo Testamento se inscribe entre la caída y la elevación del hombre,
entre la llamada dolorosa de Dios a sus primeros hijos: "¿Dónde estás?...
¿Por qué lo has hecho?" (Gn 3, 9. 13) y la respuesta del Hijo único al
entrar en el mundo: "He aquí que
vengo... a hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hb 10, 5-7). Así, la oración está
ligada con la historia de los hombres, es la relación con Dios en los
acontecimientos de la historia.
La
creación, fuente de la oración
2569 La oración se vive primeramente a partir de las realidades de la creación. Los nueve primeros capítulos del Génesis describen esta relación con Dios como ofrenda por Abel de los primogénitos de su rebaño (Cf. Gn 4, 4), como invocación del nombre divino por Enós (Cf. Gn 4, 26), como "marcha con Dios" (Gn 5, 24). La ofrenda de Noé es "agradable" a Dios que le bendice y, a través de él, bendice a toda la creación (Cf. Gn 8, 20-9, 17), porque su corazón es justo e íntegro; él también "marcha con Dios" (Gn 6, 9). Una muchedumbre de hombres pertenecientes a todas las religiones siempre han vivido esta característica de la oración.
En su alianza indefectible con
todos los seres vivientes (Cf. Gn 9, 8-16), Dios llama siempre a los hombres a
orar. Pero, en el Antiguo Testamento, la oración se revela sobre todo a partir
de nuestro padre Abraham.
La Promesa
y la oración de la fe
2570 Cuando Dios le llama,
Abraham parte "como se lo había dicho el Señor" (Gn 12, 4): todo su
corazón se somete a la Palabra y obedece. La obediencia del corazón a Dios que llama
es esencial a la oración, las palabras tienen un valor relativo. Por eso, la
oración de Abraham se expresa primeramente con hechos: hombre de silencio, en
cada etapa construye un altar al Señor. Solamente más tarde aparece su primera
oración con palabras: una queja velada recordando a Dios sus promesas que no
parecen cumplirse (Cf. Gn 15, 2-
3). De este modo surge desde los
comienzos uno de los aspectos de la tensión dramática de la oración: la prueba
de la fe en la fidelidad a Dios.
2571 Habiendo creído en Dios (Cf.
Gn 15, 6), marchando en su presencia y en alianza con él (Cf. Gn 17, 2), el
patriarca está dispuesto a acoger en su tienda al Huésped misterioso: es la
admirable hospitalidad de Mambré, preludio a la anunciación del verdadero Hijo
de la promesa (Cf. Gn 18, 115; Lc 1, 26-38). Desde entonces, habiéndole
confiado Dios su plan, el corazón de Abraham está en consonancia con la compasión
de su Señor hacia los hombres y se atreve a interceder por ellos con una audaz
confianza (Cf. Gn 18, 16-33).
2572 Como última purificación de
su fe, se le pide al "que había recibido las promesas" (Hb 11, 17)
que sacrifique al hijo que Dios le ha dado. Su fe no vacila: "Dios
proveerá el cordero para el holocausto"(Gn 22, 8), "pensaba que
poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos" (Hb 11, 19).
Así, el padre de los creyentes se hace semejante al Padre que no perdonará a su
propio Hijo sino que lo entregará por todos nosotros (Cf. Rm 8, 32).
La oración restablece al hombre
en la semejanza con Dios y le hace participar en la potencia del amor de Dios
que salva a la multitud (Cf. Rm 4, 16-21).
2573 Dios renueva su promesa a
Jacob, cabeza de las doce tribus de Israel (Cf. Gn 28, 10-
22). Antes de enfrentarse con su
hermano Esaú, lucha una noche entera con "alguien" misterioso que
rehúsa revelar su nombre pero que le bendice antes de dejarle, al alba. La
tradición espiritual de la
Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de la
fe y una victoria de la perseverancia (Cf. Gn 32, 25-31; Lc 18, 1-8).

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