LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS - Recopilación de Néstor Germán Rodríguez
El sacramento de la unción de los enfermos, también conocido como extremaunción, es un acto litúrgico comunitario realizado por parte de distintas Iglesias cristianas (Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Comunión anglicana) por el cual un presbítero signa con óleo sagrado a un fiel por estar enfermo, en peligro de muerte.
LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS
1499 "Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, toda la Iglesia entera encomienda a os enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo; y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios" (LG 11).
I
FUNDAMENTOS EN LA ECONOMÍA DE LA SALVACIÓN
La
enfermedad en la vida humana
1500 La enfermedad y el
sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan
la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta suimpotencia, sus
límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte.
1501 La enfermedad puede conducir
a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación
y a la rebelión contra Dios. Puede también hacer a la persona
más madura, ayudarla a discernir
en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha
frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a él.
El enfermo
ante Dios
1502 El hombre del Antiguo
Testamento vive la enfermedad de cara a Dios. Ante Dios se lamenta por su enfermedad (Cf. Sal 38) y de
él, que es el Señor de la vida y de la muerte, implora la curación (Cf. Sal 6,3; Is 38). La
enfermedad se convierte en camino deconversión (Cf. Sal 38,5; 39,9.12) y el
perdón de Dios inaugura la curación (Cf. Sal 32,5; 107,20; Mc 2,5-12). Israel
experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y
al mal; y que la fidelidad a Dios, según su Ley, devuelve la vida: "Yo, el
Señor, soy el que te sana" (Ex 15,26). El profeta entreve que el
sufrimiento puede tener también un sentido redentor por los pecados de los
demás (Cf. Is 53,11). Finalmente, Isaías
anuncia que Dios hará venir un tiempo para Sión en que perdonará toda
falta y curará toda enfermedad (Cf. Is 33,24).
Cristo,
médico
1503 La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase (Cf. Mt 4,24) son un signo maravilloso de que "Dios ha visitado a su pueblo" (Lc 7,16) y de que el Reino de Dios está muy cerca. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar los pecados (Cf. Mc 2,5-12): vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo; es el médico que los enfermos necesitan (Mc 2,17). Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse con ellos: "Estuve enfermo y me visitasteis" (Mt 25,36). Su amor de predilección para con los enfermos no ha cesado, a lo largo de los siglos, de suscitar la atención muy particular de los cristianos hacia todos los que sufren en su cuerpo y en su alma. Esta atención dio origen a infatigables esfuerzos por aliviar a los que sufren.
1504 A menudo Jesús pide a los enfermos que crean (Cf. Mc 5,34.36; 9,23). Se sirve de signos para curar: saliva e imposición de manos (Cf. Mc 7,32-36; 8, 22-25), barro y ablución (Cf. Jn 9,6s). Los enfermos tratan de tocarlo (Cf. Mc 1,41; 3,10; 6,56) "pues salía de él una fuerza que los curaba a todos" (Lc 6,19). Así, en los sacramentos, Cristo continúa "tocándonos" para sanarnos.
1505 Conmovido por tantos sufrimientos, Cristo no sólo se deja tocar por los enfermos, sino que hace suyas sus miserias: "Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades" (Mt 8,17; Cf. Is 53,4). No curó a todos los enfermos. Sus curaciones eran signos de la venida del Reino de Dios. Anunciaban una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte por su Pascua. En la Cruz, Cristo tomó sobre sí todo el peso del mal (Cf. Is 53,4-6) y quitó el "pecado del mundo" (Jn 1,29), del que la enfermedad no es sino una consecuencia. Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con él y nos une a su pasión redentora. “Sanad a los enfermos...”
1506 Cristo invita a sus
discípulos a seguirle tomando a su vez su cruz (Cf. Mt 10,38).
Siguiéndole adquieren una nueva visión sobre la enfermedad y sobre los enfermos. Jesús los asocia a su vida pobre y humilde. Les hace participar de su ministerio de compasión y de curación: "Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban" (Mc 6,12-13).
1507 El Señor resucitado renueva
este envío ("En mi nombre... impondrán las manos sobre los enfermos y se
pondrán bien"; Mc 16,17-18) y lo confirma con los signos que la Iglesia
realiza invocando su nombre (Cf. Hch 9,34; 14,3). Estos signos manifiestan de
una manera especial que Jesús es verdaderamente "Dios que salva" (Cf.
Mt 1,21; Hch 4,12).
1508 El Espíritu Santo da a algunos un carisma especial de curación (Cf. 1 Co 12,9.28.30) para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades. Así S. Pablo aprende del Señor que "mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" (2 Co 12,9), y que los sufrimientos que tengo que padecer, tienen como sentido lo siguiente: "completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1,24).
1509 "¡Sanad a los
enfermos!" (Mt 10,8). La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e intenta
realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos como por
la oración de intercesión con la que los acompaña. Cree en la presencia
vivificante de Cristo, médico de las almas y de los cuerpos. Esta presencia
actúa particularmente a través de los sacramentos, y de manera especial por la
Eucaristía, pan que da la vida eterna (Cf. Jn 6,54.58) y cuya conexión con la
salud corporal insinúa S. Pablo (Cf. 1 Co 11,30).1510 No obstante la Iglesia
apostólica tuvo un rito propio en favor de los enfermos, atestiguado por
Santiago: "Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia,
que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de
la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido
pecados, le serán perdonados" (St 5,14-15). La Tradición ha reconocido en
este rito uno de los siete sacramentos de la Iglesia (Cf. DS 216; 1324-1325;
1695-1696; 1716-1717).
Un
sacramento de los enfermos
1511 La Iglesia cree y confiesa
que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado
a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos: Esta
unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un
sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado por
Mc (Cf. Mc 6,13), y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago, apóstol
y hermano del Señor [Cf. St 5,14-15] (Cc. de Trento: DS 1695).
1512 En la tradición litúrgica,
tanto en Oriente como en Occidente, se poseen desde la antigüedad testimonios
de unciones de enfermos practicadas con aceite bendito. En el transcurso de los
siglos, la Unción de los enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a
los que estaban a punto de morir. A causa de esto, había recibido el nombre de
"Extremaunción". A pesar de esta evolución, la liturgia nunca dejó de
orar al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su salud si así convenía
a su salvación (Cf. DS 1696).
1513 La Constitución apostólica "Sacram Unctionem Infirmorum" del 30 de Noviembre de 1972, de conformidad con el Concilio Vaticano II (Cf. SC 73) estableció que, en adelante, en el rito romano, se observara lo que sigue: El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: "per istam sanctam unctionem et suam piissimam misericordiam adiuvet te Dominus gratia spiritus sancti ut a peccatis liberatum te salvet atque propitius allevet" ("Por esta santa Unción, y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad", Cf. ? CIC, can. 847,1).
II QUIÉN
RECIBE Y QUIÉN ADMINISTRA ESTE SACRAMENTO
En caso de
grave enfermedad...
1514 La unción de los enfermos
"no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por
eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar
en peligro de muerte por enfermedad o vejez" (SC 73; Cf. ? CIC, can.
1004,1; ?1005; ? 1007; CCEO, can. 738).
1515 Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan. "...llame a los presbíteros de la Iglesia"
1516 Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la unción de los enfermos (Cf. Cc. de Trento: DS 1697; 1719; ? CIC, can. 1003; CCEO. can. 739,1). Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas.
III LA
CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO
1517 Como en todos los
sacramentos, la unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y
comunitaria (Cf. SC 27), que tiene lugar en familia, en el hospital o en la
iglesia, para
un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Es muy conveniente que se celebre dentro
de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor. Si las circunstancias lo
permiten, la celebración del sacramento puede ir precedida del sacramento de la
Penitencia y seguida del sacramento de la Eucaristía. En cuanto sacramento de
la Pascua de Cristo, la Eucaristía debería ser siempre el último sacramento de
la peregrinación terrenal, el "viático" para el "paso" a la
vida eterna.
1518 Palabra y sacramento forman
un todo inseparable. La Liturgia de la Palabra, precedida de un acto de
penitencia, abre la celebración. Las palabras de Cristo y el testimonio de los apóstoles
suscitan la fe del enfermo y de la comunidad para pedir al Señor la fuerza de
su Espíritu.
1519 La celebración del
sacramento comprende principalmente estos elementos: "los presbíteros de
la Iglesia" (St 5,14) imponen -en silencio - las manos a los enfermos;
oran por los enfermos en la fe de la Iglesia (Cf. St 5,15); es la epíclesis
propia de este sacramento; luego ungen al enfermo con óleo bendecido, si es
posible, por el obispo.
Estas acciones litúrgicas indican la gracia que este sacramento confiere a los enfermos.
IV EFECTOS
DE LA CELEBRACIÓN DE ESTE SACRAMENTO
1520 Un don particular del
Espíritu Santo. La gracia primera de este sacramento es una gracia de consuelo,
de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad
grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo
que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del
maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia ante la muerte
(Cf. Hb 2,15). Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere
conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si
tal es la voluntad de Dios (Cf. Cc. de Florencia: DS 1325). Además, "si
hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5,15; Cf. Cc. de Trento:
DS 1717).
1521 La unión a la Pasión de Cristo. Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo: en cierta manera es consagrado para dar fruto por su configuración con la Pasión redentora del Salvador. El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.
1522 Una gracia eclesial. Los
enfermos que reciben este sacramento, "uniéndose libremente a la pasión y
muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios" (LG 11).
Cuando celebra este sacramento,
la Iglesia, en la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo. Y
el enfermo, a su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye a la santificación
de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece,
por Cristo, a Dios Padre.
1523 Una preparación para el
último tránsito. Si el sacramento de la unción de losenfermos es concedido a
todos los que sufren enfermedades y dolencias graves, lo es con mayor razón
"a los que están a punto de salir de esta vida" ("in exitu viae
constituti"; Cc. de Trento: DS 1698), de manera que se la llamado también
"sacramentum exeuntium" ("sacramento de los que parten",
Ibíd.). La Unción de los enfermos acaba de conformarnos con la muerte y a la
resurrección de Cristo, como el Bautismo había comenzado a hacerlo.
Es la última de las sagradas unciones que jalonan toda la vida cristiana; la del Bautismo había sellado en nosotros la vida nueva; la de la Confirmación nos había fortalecido para el combate de esta vida. Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un sólido puente levadizo para entrar en la Casa del Padre defendiéndose en los últimos combates (Cf. Ibíd.: DS 1694).
V EL VIÁTICO, ÚLTIMO SACRAMENTO
DEL CRISTIANO
1524 A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático. Recibida en este momento del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección, según las palabras del Señor: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (Jn 6,54). Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre (Jn 13,1).
1525 Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía constituyen una unidad llamada "los sacramentos de la iniciación cristiana", se puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, en cuanto viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, "los sacramentos que preparan para entrar en la Patria" o los sacramentos que cierran la peregrinación.
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